HISTORIA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE INGENIERÍA

 

La Academia Argentina de Ingeniería fue fundada el 8 de octubre de 1970 por una iniciativa del Centro Argentino de Ingenieros, concretándose así una antigua aspiración de los ingenieros argentinos. Fueron sus Miembros Fundadores los Ingenieros Enrique Butty, Justiniano Allende Posse, Manuel F. Castello y Luis V. Migone, sobresalientes personalidades de la Ingeniería a quienes se les confío la realización de los actos necesarios para formalizar la creación de la Academia, dentro de las normas del Decreto-Ley 4362/55 que rige el funcionamiento de las academias nacionales, con el propósito de poder incorporarse oportunamente a las disposiciones del mismo.

Los nombrados Miembros Fundadores, constituidos en comisión organizadora, procedieron entonces a elegir, previa evaluación de antecedentes y méritos, a otros dieciocho Miembros, permitiéndoles efectuar una asamblea constitutiva celebrada el 4 de octubre de 1971 durante la cual se designaron los integrantes de la Mesa Directiva, que fueron los Ingenieros Antonio Marín, Presidente; Salvador María del Carril, Vicepresidente 1°; Luis María Ygartúa, Vicepresidente 2°; Julio Vela Huergo, Secretario; Enrique Klinger, Prosecretario; Gabriel Meoli, Tesorero y Eduardo M. Huergo, Protesorero. Posteriormente, cumplidos los trámites reglamentarios ante la Inspección General de Personas Jurídicas, la Academia obtuvo su personería jurídica con fecha 31 de enero de 1972.

Debemos destacar aquí que el Ing. Antonio Marín fue Presidente de la Academia por casi tres décadas, desde su fundación hasta su fallecimiento ocurrido en el año 1999. El Ing. Marín tenía una clara conciencia de la importancia que tiene la Ingeniería en el desarrollo del país y siempre se dedicó a elevar esa disciplina al nivel que hoy ocupa junto a otras academias nacionales mucho más antiguas. Su tesón y empeño llevaron a que nueve años después de su creación, la Academia fuera incorporada al régimen del Decreto-Ley 4362/55, convirtiéndose en Academia Nacional de Ingeniería por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional N° 2347/80 de fecha 11 de noviembre de 1980.

Al crearse se señaló que la Ingeniería, con su explosivo desarrollo, ya no se encontraba identificada con ninguna de las Academias existentes, y que si bien la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales abarcaba disciplinas que son básicas para la Ingeniería, esta rama del saber, con sus elevado número de especialidades y campos de acción, no podía estar limitada a una actividad parcial de una academia de ciencias cuya orientación principal es hacia las ciencias básicas. Se señaló además que la Ingeniería comprende arte, ciencia y técnica, concepto que la diferencia. En cuanto a las demás academias de ciencias que también cuentan con miembros que son ingenieros, por la amplitud de sus ámbitos era obvio que tampoco podían cubrir adecuadamente el extenso campo de la ingeniería.

La creación de esta Academia no fue, por cierto, una concepción original. Cabe citar por su importancia el ejemplo de los Estados Unidos de América, país donde la Ingeniería alcanzaba el más elevado nivel. Allí la Academia Nacional de Ingeniería ocupa un destacado lugar, sin perjuicio de la existencia de la Academia Nacional de Ciencias. Suecia nos da otro ejemplo con su destacada Academia Real de Ingeniería.

La Academia inició sus actividades en una sede que le facilitara el Centro Argentino de Ingenieros en su Departamento Técnico, situado en la calle Viamonte 542 de la Ciudad de Buenos Aires. A principios de 1974 trasladó su sede a un local facilitado por la Sociedad Científica Argentina en su edificio de la Av. Santa Fe 1145. Durante todos esos años, las sesiones públicas se llevaban a cabo en el Salón de Actos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, cuyas autoridades lo cedían especialmente.

A fines del año 1982, la Academia pudo trasladarse a una sede con mayores comodidades en un edificio de oficinas sito en la Av. Presidente Quintana 585, sede que ocupa hasta el día de hoy. Este local pertenece a la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales, que tuvo su sede en él hasta que se habilitó la Casa de las Academias Nacionales en la que se instaló conjuntamente con otras Academias, cediendo en comodato el local de la Avenida Quintana a la Academia de Ingeniería.

Entre los fines de la Academia establecidos en su Estatuto, se encuentran: fomentar y difundir la investigación técnico-científica en relación con la Ingeniería, propendiendo al desarrollo y progreso del país; estudiar los diversos aspectos que presenta la Ingeniería: enseñanza e investigación, ejercicio profesional, planes relativos a las obras públicas y privadas, etc., especialmente en cuanto atañe al interés de la Nación; expresar su opinión, cuando lo estime conveniente, sobre las cuestiones a que se refieren los puntos que anteceden y evacuar a su respecto las consultas que le formulen los poderes públicos nacionales, provinciales o municipales, las universidades y las instituciones docentes oficiales y privadas; fomentar por todos los medios a su alcance el culto de la dignidad en el ejercicio de las actividades técnicas, científicas y profesionales de la Ingeniería; establecer y mantener relaciones con las instituciones y personas del país y del extranjero que se dediquen al estudio de las ciencias de la Ingeniería y conexas; crear laboratorios, institutos o centros de investigación; así como realizar coloquios, seminarios, congresos y otras formas de contacto con especialistas del país y del extranjero; instituir becas y premios para estudiosos e investigadores; intervenir cuando se le requiera, en la formación de tribunales o jurados que se constituyeren para juzgar el mérito de trabajos técnicos o científicos; crear una tribuna que permita a sus miembros y a personalidades de la ciencia o de la técnica, invitadas a tal efecto, la exposición pública de sus ideas; crear una biblioteca especializada para uso de sus miembros y del público, teniendo en cuenta los fines de su creación y promoviendo el canje de publicaciones con otros organismos similares e instituciones públicas y privadas.

De acuerdo con su Estatuto, la Academia está constituida por Miembros Titulares o de Número, Miembros Honorarios, Miembros Correspondientes y Miembros Eméritos. Es condición indispensable para ocupar un sitial en la Academia haber tenido destacada actuación en la investigación científica o técnica, en la cátedra universitaria u otras labores docentes, o como publicista en aspectos análogos; o en el ejercicio profesional y gozar, además, de concepto público de honorabilidad intachable. Todos los cargos académicos son vitalicios y ad-honorem.

Entre sus actividades regulares se encuentra la organización de simposios y conferencias públicas de sus Miembros así como de profesionales de prestigio académico especialmente invitados, como también la publicación de informes, conferencias y comunicaciones de sus Miembros. Alrededor de sesenta publicaciones especializadas se encuentran disponibles a la fecha.

Puede decirse que a partir del momento en que obtuvo su nacionalización, la Academia reorganizó su trabajo e intensificó su actividad, reestructurando su división con el propósito de desarrollar convenientemente sus actividades en Secciones Técnicas que contemplan todas las ramas de la Ingeniería. Fueron creados también los Institutos de Ciencias de los Materiales y del Transporte.

La necesidad de establecer y mantener relaciones con las instituciones y personas del país y del extranjero dedicadas al estudio de las ciencias de la Ingeniería y conexas, se manifiesta a través de las actividades de sus Miembros Titulares así como de los Correspondientes Nacionales y del extranjero, manteniendo una fluida y permanente comunicación con numerosas Academias de Ingeniería del mundo. Merece destacarse aquí que en el año 1983 el Presidente, Ing. Antonio Marín, junto con el Vicepresidente 1°, el Ing. Salvador María del Carril, asistieron en representación de la Academia a la Cuarta Convocatoria Internacional de Academias de Ingeniería, reunión realizada por invitación de la Real Academia Sueca de Ciencias de la Ingeniería, desarrollada entre los días 29 de mayo al 1° de junio, en la ciudad de Estocolmo. El tema de la reunión fue: “The important technological trends”, donde se consideraron los avances de diferentes tecnologías, analizándose el presente estado del arte y sus proyecciones hacia el futuro. Los temas principales desarrollados fueron aviación, biotecnología, inteligencia artificial, nuevos materiales y producción automatizada empleando robots. La asistencia a la reunión de Suecia permitió establecer importantes vínculos con la Real Academia Sueca, que es la más antigua de las Academias de Ingeniería del mundo, así como establecer relaciones de gran valor para nuestra Academia con otras instituciones académicas vinculadas con la ingeniería en su más alto nivel.

Asimismo, en el año 1984 y por sugerencia de la Real Academia Sueca de Ciencias de la Ingeniería, la Academia resolvió realizar un estudio en colaboración con la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, sobre los fenómenos de contaminación de la biosfera que tienen origen en las zonas industriales y en los centros de producción urbanos. La participación de ambas Academias en este estudio coincide con la preocupación manifestada por la Real Academia Sueca, que se encontraba trabajando en el tema en colaboración con la Real Academia Sueca de Agricultura y Bosques. La intención de nuestras Academias era abordar el tema con la participación de instituciones argentinas, oficiales y privadas, que estuvieran interesadas en el mismo, así como de instituciones extranjeras. En el año 1986 se resolvió la constitución de una comisión especial integrada por miembros de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, Doctores Norberto Ras y Walter F. Kugler e Ingenieros Juan J. Burgos y Milán Dimitri, y por nuestra Academia los Ingenieros Antonio Marín, Oscar L. Briozzo, Carlos E. Dietl y Víctor O. Miganne, con el objeto de continuar los estudios sobre este tema. Durante el desarrollo de estas reuniones, se consideraron los aportes de información de instituciones del exterior interesadas en el tema así como de las instituciones del país que realizan estudios en el campo considerado. En el año 1987 la Comisión continuó con sus actividades, llegándose a la conclusión que el material obtenido resultaría muy útil no solo para lo relacionado con su área específica sino también, al menos en el campo de la ingeniería, para lograr vinculaciones y recibir publicaciones de centros de estudio de países extranjeros, cuyos valiosos aportes aumentarían el conocimiento de nuestra Academia. Al año siguiente se interesaron en preparar el material para la divulgación de conocimientos sobre contaminación ambiental, especialmente en el área de la educación primaria y secundaria. En el año 1990 se resolvió dividir la actividad de la Comisión y nuestra Academia pasó a ocuparse de los estudios referentes a la atenuación o eliminación de las fuentes contaminantes, tema que está específicamente vinculado con la ingeniería.

En lo que se refiere a relaciones con otras instituciones del país, debemos mencionar que durante el Ejercicio 1978, la Academia aceptó un ofrecimiento del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, INTI, para crear y administrar una beca destinada a estudios de hidráulica en el exterior, para lo cual se estableció una asignación con fondos provistos por el INTI. En el año 1979 se aprobó el Reglamento que disponía la creación de la Beca “Ing. Roberto J. Perazzo”, instituida por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, INTI, que sería acordada por la Academia en forma bienal mediante un fondo acordado por el INTI, en homenaje a quien fuera destacado Miembro de su Consejo Directivo y aportara al país relevantes contribuciones en el campo de la Ingeniería Hidráulica. Podían aspirar a esta beca egresados de universidades nacionales y privadas reconocidas por el Estado con título de ingeniero civil orientación hidráulica o de ingeniero hidráulico que desearan ampliar y profundizar sus conocimientos en alguna de las instituciones de mayor prestigio internacional, dentro del campo de la hidráulica general o aplicada, o de la hidrología. En la Sesión Plenaria Ordinaria del día 5 de mayo de 1980, se resolvió adjudicarla al Ing. Juan Carlos Larrea, egresado de la Universidad Nacional del Sur como Ingeniero Civil con un promedio de 8.29. Sus actividades académicas en la misma Universidad demostraban su inclinación a la enseñanza y la investigación, habiendo realizado trabajos de laboratorio en el campo de la hidráulica aplicada. El Ing. Larrea contaba con la admisión aceptada al Instituto de Mecánica de los Fluidos de Toulouse, Francia, Institución considerada de gran prestigio en el campo de la hidráulica.

Como hecho destacado dentro de la historia de esta Institución se encuentra el envío con fecha 15 de febrero de 1999 a las autoridades del Council of Academies of Engineering and Technological Sciences, CAETS, del pedido formal de esta Academia, solicitando su incorporación al mencionado Consejo. Los días 1 y 2 de marzo de 1999 se recibió la visita del Comité de Conducción del Council of Academies of Engineering and Technological Sciences, CAETS, integrado por Steven N. Anastasion, Vicepresidente de CAETS, William Salmon, Executive Officer de la Academia Nacional de Ingeniería de los Estados Unidos de América y el Dr. Manuel Martínez-Fernández, Presidente de las Academias Mexicanas de Ingeniería y de la Academia Nacional de Ingeniería de México. Esta visita respondió a la posibilidad de la incorporación de la Academia a CAETS y a la necesidad de conocer la jerarquía de la Corporación, así como el panorama general del ejercicio de la ingeniería en nuestro país y el de las relaciones institucionales. Durante las reuniones llevadas a cabo, el Comité de CAETS mostró particular interés en las actividades de la Academia. Se detalló el estado actual de la profesión en nuestro país y la relación con las demás instituciones de ingeniería. Finalmente el Comité de Conducción manifestó su interés de que la Academia solicitara formalmente su incorporación a CAETS. La solicitud de la Academia fue considerada en la reunión del Consejo Directivo de CAETS realizada el 28 de mayo en Sophia Antipolis, Francia, donde fue aprobada, con lo cual se concretó la incorporación de la Academia a CAETS.

El reconocimiento y estímulo de los profesionales se logra también a través de los Premios que otorga, los cuales poseen distintas finalidades. Ellos son: “Ing. Eduardo E. Baglietto”, creado en el año 1974; “Sociedad Argentina de Ensayo de Materiales”, creado en el año 1976; “Ing. Enrique Butty” , creado en el año 1978; “Academia Nacional de Ingeniería”, creado en el año 1981; “Ing. Luis V. Migone”, creado en el año 1981; “Ing. Luis A. Huergo”, creado en el año 1990; “A los Mejores Egresados de Carreras de Ingeniería de Universidades Argentinas”, creado en el año 1993; “Ing. Antonio Marín”, creado en el año 1999 e “Ing. Gerardo M. Lassalle”, creado en el año 2002.

Desde su creación, y dentro de sus finalidades la Academia ha cumplido importantes etapas. Se han incorporado destacados Miembros y se han cumplido pasos fundamentales para darle vida institucional. Se crearon premios que fueron acordados a hombres destacados; se estudiaron problemas de interés nacional y se dictaron conferencias sobre temas de relevancia en el campo de la Ingeniería. La labor cumplida ha merecido el reconocimiento de instituciones afines así como de los sectores interesados en el progreso de la Ingeniería Argentina.

En el año 2010, fueron creados los Institutos de Energía y de Transporte con el propósito ampliar y extender las tareas de la Academia en temas relevantes del país y de la comunidad, en los cuales los ingenieros desempeñen un rol preponderante. Estos Institutos están integrados por académicos y miembros no académicos que deberán ser profesionales destacados en el tema de que se trata, tanto de la ingeniería como de otras profesiones.

Siguiendo con los propósitos planteados por la Academia, en 2012 se constituyo el Instituto de Construcciones y Estructuras en el cual se siguen tres lineamientos de trabajo delimitados en tres grandes temas: Obras Subterráneas; Excavaciones a cielo abierto y demoliciones, y Seguridad Estructural.

 

 

 

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